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Estaba leyendo "Sin plumas", una colección de pequeños relatos, pensamientos y escritos absurdos del prolífico Woody Allen y no he podido por menos que almacenar en mi memoria reciente (y muy volatil) un fragmento de una breve y disparatada comedia de extraño argumento y desternillantes diálogos:

JOHN: Traedle un poco de agua [a Kleinman, herido de muerte]

KLEINMAN: ¿Para qué quiero yo agua?

JOHN: Pensé que tendrías sed.

KLEINMAN: Morirse no da sed. A menos que te apuñalen después de haber comido arenques.

JOHN: ¿Tienes miedo a morir?

KLEINMAN: No es que tenga miedo de morir, es que no quiero estar aquí cuando ocurra.

JOHN (musitando): Más pronto o más tarde acabará con todos nosotros.

Conversación de besugos...futboleros

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Es inevitable, la marea roja se extiende y a los que no somos aficionados al fútbol no nos queda otra que aplicar aquello de "si no puedes con ellos, únete".

Así, el otro día, después de disfrutar de la semifinal España-Rusia - o más bien, después de disfrutar una divertida cena familiar con la excusa del fútbol- me hallaba yo repostando combustible cuando, a la hora de pagar, asistí a un hilarante diálogo (o "biólogo" como dirían Les Luthiers) entre un señor ya mayor y de claro orígen aldeano con el joven dependiente de la gasolinera:

- [Señor de pueblo] entonces, ¿hemos ganado?
- [dependiente] Si, hemos ganado a Rusia. Así que el domingo tenemos que dejarnos los huevos con Alemania.
- [Señor de pueblo] ¿El domingo jugamos en Alemania?
- [dependiente] No, contra Alemania, en la final.
- [Señor de pueblo] Ah, ¿entonces jugamos en España?
- [dependiente] No, se juega en Austria.
- [Señor de pueblo] Ahhhh, en Austria.
- [dependiente] O en Viena. En uno de esos dos. [Yo: yo nací en Madrid o en España, en uno de esos dos :)]
- [Señor de pueblo] Pues ahora toca dejarse los cojones y ganar.
- [dependiente] Si, a ver si dejan los huevos.

Me hizo mucha gracia, a todo esto porque el señor mayor iba uniformado con los colores patrios y sin embargo no parecía estar muy al tanto de la competición que se estaba disputando. Y por su parte el dependiente sabía algo más del tema, pero se saltó las clases de geografía en su día.

"Diálogos allenígenas" (I)

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- ¿Qué? ¿cómo vas de lo tuyo?

- Ah, mucho mejor, hace ya bastante que no tengo pesadillas con aquella cocinera oronda del este de Viena que me quiere cocinar para servirme con una guarnición de brócoli.

- Menos mal, el brócoli es odioso. Siempre he pensado que los alienígenas se introdujeron entre nosotros tomando esa forma. Así que ya estás mejor ¿no?

- Si. Sin embargo, ahora tengo pesadillas con un enano que me persigue para intentar venderme un seguro del hogar, allá en Stuttgart.

- Te entiendo. Yo tuve un sueño parecido hace unas semanas, sólo que en mi caso el enano vendedor de seguros era yo. Mi psicólogo me dijo que no le diera importancia mientras alcanzara la cifra de ventas.

- Ya, pero lo mío es más kafkiano sin duda.

- No se, mira que el otro día en intentaba venderle un seguro al mismo Kafka. Resulta que se había mudado con su hermana y su cuñado a Stuttgart y necesitaban un seguro de casa que cubriera las inseguridades del hombre.

- Qué iluso.

- Para nada, es la última novedad que hemos incorporado. Además de los nuevos seguros para la insoportable levedad del ser. Un bombazo.

- Si llego a saber de esa oferta no le hubiera pegado aquél puntapié al enano. No volví a verle.

- Te lo miraría yo, pero es que justo vengo de dimitir ahora mismo.

- Vaya! ¿Y a qué te vas a dedicar ahora?

- Había pensado en suicidarme por el método de pasar mucho rato cerca de un visitador comercial. Pero al venir para acá he visto que había vacantes para el puesto de doblador sustituto de clips de oficina. Y no lo he dudado un instante.

- Un puestazo. Enhorabuena.

- Si, con suerte el doblador titular se clava algún clip y le dan baja por inestabilidad emocional.

[to be continued...]



Diálogos II

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- Hola abuelito. Ayer no pasaste a verme. No pasa nada, ¿no? ¿estás bien?

- No, tranquila, no hay ningún problema. Es sólo que me sentía cansado. ¿Es por eso que me llamas?

- Si, es por eso. Pero ¿hoy ya te encuentras bien?

- Si, mucho mejor. Esta tarde pasaré a verte, como siempre.

- Gracias, llámame tonta, pero para mi es muy importante. Además, si no vienes me preocupo, como siempre vienes...

- No debes preocuparte por mi, además piensa que no siempre podré ir a verte. Eso lo sabes, ¿verdad? Ya estoy muy mayor y no me queda mucho tiempo.

- Lo se, pero no quiero pensar en ello, al menos por ahora. ¿Para que pensar en cosas que me pondrán triste?

- Para que no te pillen de sorpresa cuando ocurran.

- Tranquilo, tú déjame eso a mi, ¿vale? de momento quiero que todo siga igual. Me gustan las cosas así como están ahora mismo.

- Yo a tu edad pensaba igual, pero después de algunos palos que te da la vida aprendes a anticiparte y a prepararte siempre para lo peor. Se que son consejos poco apetecibles, y más a una edad tan temprana como la tuya, y no te pido que los sigas a pies juntillas, pero sí que los tengas presentes, sólo eso.

- Tus consejos siempre son sabios abuelito, y ten por seguro que no caerán en saco roto.

- Lo se, pequeña, lo se.

- ¿Te veo esta tarde entonces?

- Claro que sí pequeña, allí estaré.


Diálogos

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- ¿Por qué lloras?

- Es mi hora de llorar

- ¿No eres feliz?

- Si, lo soy. Por eso me pongo una hora al día para llorar.

- ¿Siendo feliz prefieres llorar?

- No dejo de serlo aunque llore.

- No te entiendo.

- Llorando puedo saber cómo sería no ser feliz, ya sabes, por si la felicidad se termina de repente.

- Yo prefiero intentar ser feliz todo el tiempo.

- Yo prefiero serlo que intentarlo.

- ¿Y qué harás cuando llegue ese día en que termine tu felicidad? Cuando seas infeliz de nuevo.

- Haré lo mismo que hago ahora.

- ¿A qué te refieres?

- Dedicaré una hora todos los días a ser feliz, para recordar cómo era hasta que lo vuelva a ser.

- Eso es muy dificil.

- No más que llorar siendo feliz.

- Es verdad.